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Que quiero ser de Mayor… Funcionario de carrera


Voy  a empezar por el final. Me encanta mi trabajo. Cuando llego cada día a mi despacho nunca sé qué puede aparecer por mi mesa, pero sí sé que voy a aprender algo. Mi día a día nada tiene que ver con esa idea de un funcionario triste y aburrido, sentado en una mesa y sepultado entre papeles, poniendo sellos y repitiendo rutinariamente el mismo trabajo hora tras hora, día tras día…

Soy funcionaria del Cuerpo Superior de Administradores del Principado de Asturias desde hace algo más de diez años. No tengo ninguna duda de que escogí el camino adecuado, la salida profesional que más respondía a mis capacidades y aspiraciones. Lo que no tengo tan claro es que realmente haya sido una elección consciente. Digamos que fue “el destino” el encargado de llevarme por la senda correcta. No puedo decir que lo mío haya sido vocacional. Cuando era niña no pensaba en que de mayor quería ser “funcionaria” (suena raro, ¿eh?). Ni siquiera abogada… Sin una vocación clara y con familiares en ese mundillo, cuando llegó el momento de escoger carrera parecía que estudiar Derecho era una opción lógica. Y así lo hice. La verdad que la carrera me gustó, el “gusanillo jurídico” me picó y ya empecé a ser consciente de que iba por el buen camino. Pero ¿y al terminar la carrera? Por primera vez en mi vida no sabía qué iba a ser de mí al año siguiente, no debía continuar por el camino ya marcado (como hasta entonces) sino que había que escoger uno nuevo. Y escogí el fácil: durante un par de años me dediqué a completar mi formación (master, idiomas…) mientras aprendía lo que era el día a día de un abogado en el despacho de un familiar. Tengo que reconocer que fueron dos años en los que aprendí muchísimo: a moverme entre la burocracia de organismos, a tratar con la gente, a trabajar bajo la presión del reloj…pero sobre todo me sirvió para darme cuenta que esa vida no era la mía. Y aquí llega el punto de inflexión en mi vida profesional.

La idea de las oposiciones ya me había rondado alguna vez la cabeza, pero me parecía demasiado para mí… Que si se presentan 8000 personas para 4 plazas, que si tengo un amigo que estuvo diez años estudiando y no sacó nada… vamos, que dónde iba yo en ese mundo reservado para “superhombres” y “supermujeres” con cerebros privilegiados… Pues no. No hace falta ser de otro mundo para aprobar unas oposiciones. Lo que hace falta es mucha capacidad de sacrificio, esfuerzo, disciplina y organización. La vida del  opositor es dura, muy dura, no vamos a negarlo. Y no solo para él, sino también para su entorno. Creo que debería hablarse de “familias opositoras” y no solo de “opositor” porque al final es un proceso que implica sacrificios y esfuerzos para toda la familia. Aprovecho para agradecerle a la mía todo el apoyo durante ese tiempo: gracias papá, gracias mamá, gracias Ángel. Sin vuestro apoyo, ánimos, ayuda y comprensión no hubiera sido posible (parece que estoy recogiendo un Goya…).

La vida del opositor tiene todo lo negativo de la vida del estudiante (no remunerada, sino al contrario) y de la vida del trabajador (horarios rígidos, nada de fiestas ni vacaciones).  Y por supuesto esa sensación de ser un incomprendido que estoy segura de que muchos opositores compartirán conmigo. Esa sensación de que la gente piensa que lo que pretendes es alargar esa maravillosa vida de estudiante y seguir “living la vida loca” haciendo el paripé de que haces algo…  Y mientras tanto tú en esas jornadas interminables de estudio, entre apuntes coloreados y esquemas sobados, con esa sensación de ser una carga para tu familia y la incertidumbre de no saber si tus esfuerzos serán o no recompensados algún día (quién sabe cómo de lejano). Uffff… solo de acordarme me entran sudores fríos…

Pero si no hay mala suerte (ojo, ya no la pido buena, sino simplemente que no sea mala) algún día más cercano o más lejano, llega la recompensa. Funcionario de carrera. Qué bonitas palabras…suenan a música celestial… y cuando llegan… y te ves en esa lista de elegidos…ay…me quedo sin palabras…

En mi caso la fortuna fue doble, ya que en poco más de un mes me convertí en funcionaria del Cuerpo Superior de Administradores y en funcionaria del Cuerpo de Gestión de la Administración del Principado de Asturias. Cuando me incorporé a mi puesto de trabajo jamás había trabajado en la Administración, así que no tenía ni idea de qué era lo que se esperaba de mí ni en qué iba a consistir mi trabajo. Escogí destino un poco a ciegas, guiándome por los consejos que me dieron las pocas personas que conocía en ese mundo. Y una vez más, el destino jugó a mi favor. Me incorporé a la Sección de Régimen Jurídico de la Consejería de Industria y Empleo, y me encontré con la gente más profesional, buena y paciente que uno pueda imaginar. Tuve la suerte de verme rodeada de grandes profesionales y mejores personas que me acogieron con los brazos abiertos y que me enseñaron a moverme en ese mundo totalmente desconocido para mí. Y más de diez años después sigo en la misma Consejería, ahora como Jefa de Servicio de Asuntos Generales.

Y así llegamos de nuevo al punto de partida y cerramos este círculo. Me encanta mi trabajo. Todos los días me encuentro con algo nuevo, un reto que afrontar y una solución que buscar.  Me encargo básicamente de la gestión de personal y del asesoramiento jurídico en la Secretaría General Técnica de la Consejería de Empleo, Industria y Turismo. En estos momentos en mi mesa podríais encontrar entre los asuntos pendientes desde reparación de electrodomésticos hasta revisión de proyectos normativos, pasando por redacción de informes en materia de subvenciones o la elaboración de propuestas relativas a gestión de personal. Como comencé diciéndoos, nada que ver con esa idea de un funcionario triste y aburrido, sentado en una mesa y sepultado entre papeles, poniendo sellos y repitiendo rutinariamente el mismo trabajo hora tras hora, día tras día…

 
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CONSUELO RODRÍGUEZ VELÁZQUEZ

Jefa de Servicios de Asuntos Generales de la Consejería de Empleo, Industria y Turismo

 

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Ilustración de Andy Baraja

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