TOGADAS CON LA VENIA

Solicitar la venia


Si buscamos Venia en un diccionario, nos aparecen sinónimos tales como: consentimiento, permiso, licencia, autorización y aprobación entre otros.

Pero sin embargo se olvidan de otros sinónimos como, por ejemplo; mal rato, momento incomodo, decepción, cabreo, putada y etc.

Porque con la venia el cliente te manda a paseo, por muy bonito que lo pongamos. Y nosotros como auténticos profesionales no podemos decirle cuatro improperios bien dichos por la cantidad de trabajo que se van a la basura, próximas y futuras relaciones laborales y probablemente un indecente número de llamadas que hemos soportado de este cliente que ahora se da el piro.

Clarísimamente que no podemos hacer nada de lo que queremos decir o hacer, solamente tenemos que cogernos de uñas y dientes al artículo 13 de nuestro Código Deontológico sobre relaciones con los clientes, y pensar razonablemente en que “La relación del Abogado con el cliente debe fundarse en la recíproca confianza” Y sin la existencia de esa confianza… ¿merece la pena que el cliente se quede con nosotros?

Justamente cuando se te baja el cabreo y la razón empieza a entrar en tu bulbo raquídeo, es cuando meditas y piensas fríamente las consecuencias negativas que puede acarrearte mantener un cliente que no quiere estar contigo.

Dale la vuelta a la tortilla, no es que el cliente no te quiera, es que tú ves realmente que este cliente te va a dar problemas, y le dejas marchar. Dándole paz a tu espíritu y a tu propio ego.

Y si el caso es, al contrario, si te viene un cliente y procede a hacerle un traje nuevo al compañero, activa tu sentido arácnido. ¿Qué hizo mal el compañero? Habitualmente   no me contestaba al teléfono, ni me devolvía las llamadas. ¿Cuándo no le contestó al teléfono? El domingo de tarde, que tenía yo mucho interés en saber cuando le podía llevar una documentación. (Claro que sí guapi)

Otras veces si que vemos actuaciones no muy acordes con lo que nosotros haríamos en nuestros despachos. Pero en muchas otras ocasiones los clientes se van porque tú no estás las 24 horas disponible, no les gusta tu tono de voz, el cuñao de la vecina dijo que había un súper abogado que era colega de uno del bar que le sacó de la trena por alcoholemia y encima le pagaron a él una indemnización y porque de todos es sabido que, de leyes, fútbol y medicina todo el mundo opina y no lo podemos evitar.

Si nos vemos en esa tesitura, lo más aconsejable y como colegas será llamar al compañero al que le vas a solicitar la venia, para ponerlo en antecedentes. Seguidamente, y en un plano más formalista, le mandas un escrito sencillo a gusto del consumidor, donde se recoja que vas a asumir la nueva dirección profesional, o vas a continuar con la defensa de los intereses de fulanito de conformidad con el artículo 9 de nuestro Código Deontológico. Le das las gracias, porque nunca se sabe si algún día te va a pasar a ti y lo más importante, preguntarle si el cliente le falta por pagar alguna cantidad. Y hablar con tu nuevo cliente para que le pague. Porque ahí ya no solo estamos hablando de compañerismo, o de quedar bien. Pensemos fríamente ¿si el cliente no le paga a tu compañero, te va a pagar a ti? Ojo al dato con esto, por si recoges el testigo de una venia envenenada.

Solo nos queda decir que suerte con los clientes y si estos se escapan, echémonos una mano entre compañeros, que bastantes frentes abiertos tenemos ya en nuestro día a día.

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