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El saber ser y estar


La imagen personal es innegable que no deja de ser un tema de continua actualidad, que tratado erróneamente genera infinidad de debates en diferentes foros sociales y profesionales, resultando para muchos/as un tema banal, mientras que para no pocos/as, adquiere tal relevancia que llega a convertirse en una peligrosa obsesión.

Hay una diferencia abismal entre los primeros y los segundos y como para todo existe el punto intermedio. La imagen no responde sólo a la indumentaria que llevamos en un momento determinado o las tendencias de moda que seguimos, ni mucho menos a la talla que utilizamos. Cada persona y siempre de acuerdo a sus características físicas, es susceptible de causar una imagen buena, regular y en muchas ocasiones mala o inadecuada.

La higiene, las posturas, la sonrisa, la risa, el tono de voz, los gestos, laeducación, el comportamiento, los movimientos, etc…, son inherentes a nuestra imagen personal, lo que se traduce sin duda en nuestra carta de presentación.

Es una tremenda equivocación asociar la buena imagen con el cumplimiento de determinados cánones de belleza, lo cual no tiene en absoluto nada que ver; como también es equivocada la obstinación de enlazar la juventud, modernidad y/o pertenencia a diferentes movimientos socialescon una indumentaria excesivamente casual o inapropiada.

No hay segunda oportunidad para causar una buena primera impresión, Según Bert Decker, autor del libro “You’ve Got to Be Believed to Be Heard”, la impresión causada durante los primeros dos segundos es tan vívida que hacen falta otros cuatro minutos para añadir un 50% más de impresión (negativa o positiva) a esa comunicación. Y esos primeros dos segundos son casi enteramente visuales, a base de cómo aparecemos (cómo se nos ve). Si causamos una primera mala impresión, antes incluso de que abramos la boca, llevará mucho tiempo superar el daño hecho.

Nuestra forma de vestir en el trabajo, puede incrementar la productividad hasta un 45% según diversos estudios, es por ello que muchas organizaciones marcan un código sobre la indumentaria de sus empleados, al fin y al cabo, éstos son la imagen de la entidad y establecen unas pautas principalmente para transmitir la impresión que esperan, sus clientes se lleven de la entidad. Por lo general, estas pautas acerca de la imagen personal de los empleados, vienen determinadas pensando siempre en el público objetivo o cliente final de la compañía, por lo que cuando hablamos de vestuario adecuado, no siempre nos referimos a los clásicos trajes de chaqueta; todos conocemos innumerables profesiones y/o empresas, donde el pantalón vaquero es la prenda estrella.

Cada profesión o entidad a la que se representa, requiere de una formalidad y de unas determinadas normas que no debemos pasar por alto, estar a la altura de las circunstancias en todo lo que nos envuelve como profesionales incluida la indumentaria, es un valor añadido a nuestra imagen de marca personal.

Hay profesiones como la abogacía, en las que no debería existir duda en lo qué a comportamiento, forma de proceder en una sala de vistas o indumentaria se refiere, pero por publicarse este artículo en un blog dedicado a los profesionales del derecho, no quiero dejar de hacer alguna recomendación relacionada con el tema que nos ocupa:

  • En la sala, es requisito indispensable el uso de la toga e igualmente necesario entrar con ella puesta y no quitársela hasta haber abandonado la sala. Es importante prestar atención a la ropa que se lleva bajo la toga, recomendándose no utilizar prendas de colores vivos o demasiado llamativos, pues también se ven en el estrado y no parece lo más apropiado.
  • El saludo, destacando que entre mortales es un signo de buena educación. Al entrar en una sala de vistas, se debe saludar correctamente a los miembros del Tribunal, suficiente y adecuado es un “buenos días” al entrar y un “adiós” al salir.

Igualmente es importante recordar qué si al final de la Vista se opta por estrechar la mano de Su Señoría, no se debe olvidar nunca de hacer lo propio con el Secretario Judicial, es un error que se comete con bastante frecuencia por no pocos letrados/as, además de ser una falta de protocolo en la sala.

  • Forman parte también de la imagen personal que un profesional de la abogacía trasmite, las formas, expresiones (de modo técnico pero claro), lenguaje (prohibido el tuteo a ninguna persona presente en la sala), miradas (adecuadas a las personas que corresponde en cada momento), respeto (al Tribunal y a todos los intervinientes)… en definitiva mantener el comportamiento deontológico más adecuado.

Si bien es cierto que el hábito no hace al monje y que no se debe juzgar a las personas por su aspecto, no es menos cierto que resulta inevitable y lo hacemos en muchas ocasiones de manera inconsciente, especialmente podemos observar este hecho, cuando conocemos a una persona y consideramos que no necesitamos de mucho tiempo para llenarnos de sensaciones; favorables o desfavorables, dependiendo de ese conjunto de factores que forman la carta de presentación de cada individuo.

Es en este punto y dando el debido cumplimiento a los grupos de opinión más frecuentes, se manifiestan también aquellos que aseguran restar total importancia a la apariencia de las personas y abogan por el uso de la indumentaria deseada en el momento que estiman oportuno.

En ocasiones no viene nada mal hacer una pequeña reflexión sobre este tema, dándole tanta importancia a la imagen personal como requiere, pero sin convertirnos en esclavos/as de ningún estereotipo fijado por corrientes o tendencias pasajeras. En cada ámbito de nuestra vida, seamos nosotros/as mismos/as, pero ¡¡¡mostremos la imagen que corresponda!!!

Esther Llamazares BNI

Esther Llamazares Domingo

Gerente de Alefrés Outsourcing – Gestión Empresarial Externa

Experta en Protocolo por la Universidad de Oviedo

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“My Fair Togui” Ilustración de la mano de Andy Baraja Estudio Creativo.

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